El día siempre empieza con madrugón. Dependiendo de la distancia de tu hotel al circuito y del grado de atasco, el madrugón es mayor o menor. Aquí en Turquía como estamos relativamente cerca, el madrugón no es muy gordo. En realidad casi no es un madrugón porque salimos del hotel a las ocho de la mañana. Hay otros circuitos y otros años, cuando retransmitíamos la GP2, que hemos llegado a salir a las seis de la mañana. Cuando llegamos al circuito rompemos filas. Los técnicos se van a lo suyo, Miguel el productor a discutir o a resolver problemas, y el cámara Marc Llobet y yo al paddock. Grabamos las llegadas de los pilotos y charlamos con todo el que podemos para sacar información y poner luz a nuestras eternas dudas.

Si no ha llegado nadie o está la cosa muy parada nos tomamos un café. Puedes elegir dónde tomarlo, pero habitualmente nos vamos a Red Bull. No voy a decir que en los otros equipos nos traten mal, no, pero en la Energy Station, así llaman a su motorhome, eres especialmente bienvenido. Además los capuchinos son los mejores del paddock.

También aprovechas para leer el Red Bull Bulletin. Una especie de periódico interno, publicado por Red Bull, que habla de la vida en el paddock, de anecdotas del pasado y donde hacen innumerables bromas con las noticias de actualidad. Todo el mundo en el paddock lo lee, excepto en Mclaren. Ron Dennis tiene prohibida la entrada de ejemplares en su mole de cristal, aunque la gente del equipo se va fuera a leerlo sin que los vean.
Después del café en Red Bull, si no tengo nada que grabar, me voy a Renault para charlar un rato con Fernando, su manager, Luis, su fisio, Fabrizio y su padre, José Luis, si ha venido a la carrera. Es el mejor momento del día porque hay poca gente y es posible hablar con cierta tranquilidad. Cuando van a empezar los entrenamientos, Fernando se va a vestir y se marcha con Fabrizio al garaje. A veces veo los entrenamientos allí, se aprende mucho, otras veces me voy a la cabina para entrar en La Mirada Crítica o a la sala de prensa para comentar lo que pasa con el resto de periodistas.

A partir de las 12.00, cuando tienes un hueco hay que intentar comer. Hay una norma básica en el paddock: Come siempre que puedas porque es posible que luego no puedas hacerlo. En Ferrari suelen dar buena pasta, pero una vez más es en Red Bull donde se come de lujo y rápido. No puedes perder el tiempo, hay que comer en diez minutos y en Red Bull van poniendo pequeños platitos con comida de diseño que comes de pie en un santiamén. Es cierto que los más carpantas (del equipo de Telecinco todos) necesitan comerse diez platitos como mínimo para matar el gusanillo. Tengo un chef que es buen amigo en Honda que lleva cuatro años insistiéndome para que vaya a comer allí. El problema es que en Honda dan comida japonesa y yo ya no estoy para muchas emociones. Le he prometido que este año iré. En Mclaren también se puede comer rápido, pero la gastronomía no es brillante y te miran de una forma poco amistosa.
Después de comer, siempre hay algún reportaje que grabar, algún ingeniero al que preguntar, algún problema que resolver y, por supuesto, durante todo el día, decenas y decenas de llamadas de telefóno que responder.
Tras los entrenamientos, las ruedas de prensa. Todas a la vez. Tienes que elegir, aunque obviamente la prioridad es Fernando. A veces coincide todo: Alonso habla, Hamilton, Kimi, tienes que hacer un directo, te llaman de algún equipo para que vayas a grabar lo que les has pedido... todo el día corriendo. Entre medias, entrenan, clasifican o corren los chicos de la GP2. Este año no retransmitimos las carreras, pero me divierte mucho verlas. Además hay que dar ánimos a los chicos. Después de nuevo más grabaciones y el enlace para el informativo de la tarde. Cuando todo está enviado y el trabajo finalizado, todos a la furgoneta. Estas tan cansado que la mayor parte de las veces te duermes. Si alguien se queda despierto, aprovecha para cumplir con la tradición: hacer fotos a los dormidos. Todos tenemos decenas de fotos de nuestros compañeros dormidos. Son como una especie de trofeo, una tontería, una forma de vacile, una muestra más de que nos puteamos, pero nos llevamos muy bien.